En riesgo, el complejo cultural que representa el fandango: Amparo Sevilla

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El fandango, que desde finales del siglo XVII hasta nuestros días ha representado un espacio muy importante de encuentro e intercambio cultural, se está extinguiendo, advirtió Amparo Sevilla Villalobos, editora del libro El fandango y sus variantes. III Coloquio Música de Guerrero.

Publicada por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), la compilación que reúne nueve ensayos alusivos se presentará el sábado 1 de marzo a las 18 horas en la XXXV Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería, con la participación de Gonzalo Camacho, académico de la Escuela Nacional de Música de la UNAM; Álvaro Alcántara, músico e historiador; Juan Atilano, integrante del Grupo Multidisciplinario de Estudios sobre Guerrero, y la editora.

“El fandango es una fiesta que da lugar a una serie de convergencias, en eso radica su importancia social y cultural, porque ahí se lleva a cabo la actualización de una fusión y herencia de muchas culturas en varias centurias”, detalló la investigadora de la Dirección de Etnología y Antropología Social (DEAS) del INAH.

Los registros de esta fiesta popular datan del siglo XVII, lo que no quiere decir que no se haya realizado antes, con una presencia en todo el país y en otras naciones de Iberoamérica, expresó la especialista.

Varios estudiosos de la materia consideran que dentro en esta amplia gama de formas festivas, lo que caracteriza a un fandango de otras fiestas populares es la presencia de la música, el zapateado sobre una tarima, además de la versificación. La fiesta que cuenta con estos elementos también se le llama huapango, vaquería, topada, según la región en la que se efectúe. En el sur de Veracruz se ha dado una revitalización del fandango, gracias a la iniciativa de músicos y promotores culturales locales.

La también especialista en danza detalló que las causas del proceso de desaparición del fandango se deben, en gran medida, a la presencia de otras ofertas musicales que cubren un mayor espectro sonoro gracias a bocinas y altoparlantes que reproducen lo que difunden los medios masivos de comunicación como la radio y televisión, y que van modificando los gustos de las comunidades donde se celebran los fandangos.

“En una primera oleada entró la música tropical, después la de las bandas norteñas, y la gente, como escucha todo el tiempo estos géneros en los medios, se va alejando cada vez más de las musicales”.

Otro factor que ha incidido en la desaparición de la tradición es curiosamente la actuación de los bailes folclóricos, ya que presentan una versión muy desvirtuada de los bailes regionales.  “A través de las ferias regionales y los programas televisivos, la gente empezó a ver otras formas de interpretar lo suyo y dejó de bailar, pensando que no sabía hacerlo”.

Amparo Sevilla comentó que los bailes de academia distan mucho de los bailes tradicionales de las distintas regiones de México. “En el primer caso los pasos son muy estilizados y, en gran medida, inventados; muchos son muy vistosos porque están diseñados para el espectáculo. Por desgracia esos espectáculos han generado que los antes bailadores se vuelvan espectadores”.          

“En torno al fandango se ha suscitado una polémica interesante en cuanto a sus orígenes espaciales, temporales y etimológicos; sus diversas acepciones, las notables diferencias entre sus variantes, las causas de sus procesos de cambio y desaparición, entre otros temas; en el caso del estado de Guerrero, está a punto de ser historia.

“El fandango es un complejo cultural donde convergen diversas expresiones culturales, pues no sólo está presente en la música sino también en el baile, la poesía y en una comunidad que le da sentido a esa fiesta popular y participa de diversas formas a través de la comida, el diálogo y la convivencia.

“Llama la atención que la mayoría de la población nacional desconoce lo que es un fandango y su importancia histórica en la cultura del país;  si se aplicara una encuesta  veríamos que un alto porcentaje de ciudadanos no tiene la menor idea al respecto”, concluyó la investigadora de la DEAS.

El libro inicia con El fandango en España y América, ensayo del investigador Rafael Antonio Ruiz, quien plantea como punto de partida las diversas acepciones que tiene la palabra, desde el nombre de un baile y un género musical, hasta su utilización como sinónimo de desorden. También presenta varias descripciones de fandangos en España y en algunos países de América Latina, incluyendo México.

Jessica Gottfried en su texto Una puerta cibernética al fandango como fiesta, cuestiona si por definición el género está relacionado con el zapateado, además de si se trata de una fiesta. La investigadora afirma que dicha tradición es una forma artística representativa de un mestizaje cultural, describe la realización de un fandango brasileño de raíz portuguesa y concluye sobre el uso del internet como método de investigación sobre el tópico.

Jesús Jáuregui, en El tambor de pie de los seris, ¿prototipo de la tarima amerindia?, considera que se trata de uno de los instrumentos más antiguos dentro de la tradición mariachera, que tiene una relación histórica con la tradición de la cultura anasazi, realzando que en la zona costera de Nayarit, a finales del siglo XIX, “mariache”  y “mariachi” se utilizaban como sinónimos de fandango, además de que “mariachi” significa tarima.

Otros ensayos que se incluyen en el volumen son: Los sones de tarima coras: una plegaria a las deidades del inframundo, de Benjamín Muratalla; El baile de tarima en Yucatán. El caso de la danza de jarana con el almunduna práctica tradicional ¿inventada?, de Nidelvia Vela Cano y Elías M. Alcocer Puerto; y De la montaña, la Tierra Caliente y la Costa. Música y baile de tarima de Guerrero, de Alejandro Martínez de la Rosa.

También recopila Sólo que la mar se seque no me bañaré en sus olas. Las relaciones musicales entre Tierra Caliente y la Costa, de Jorge Amós Martínez Ayala, y Del fandango al baile de artesa. Declive, resurgimiento y sobrevivencia de una tradición musical de la Costa Chica, de Carlos Ruiz Rodríguez.

Fuente e-Consulta

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